San Benito fue un santo providencial para la iglesia y para Europa. A través de su regla, impuso un modo de vivir centrado en dos polos: Ora et labora (oración y trabajo). Los Benedictinos irradiaban la cultura antigua lo largo y ancho de Europa, copiaron los manuscritos antiguos para preservar la cultura greco-romana, impulsaron la agricultura, las artes, la ciencia y el progreso.
Sin ellos, Europa hubiera sido diferente. Los momentos más gloriosos fueron los de la edad media, y, concretamente, los siglos X y XI.
El gran amor y la fuerza de San Benito fue la Santa Cruz con la que hizo muchos milagros. Fue un padre es exorcista. Este don para someter a los espíritus malignos lo ejerció utilizando como sacramental la famosa Cruz de San Benito.
La orden benedictina ha tenido más de 1500 santos y muchísimos sabios. Sin duda ha sido la orden más gloriosa de la Iglesia Católica.