Jesucristo transmitió esa llama de apostolado a la Iglesia, don de su amor
difusión de su vida, expresión de su verdad, reflejo de la santidad suya.
Encendida en esos ardores, la esposa mística de Cristo, continúa a través de los siglos, la obra de apostolado de su divino modelo.
Designio admirable y ley universal de la Providencia es que el hombre enseñe al hombre el camino de la salvación.
Sólo Jesús derramó su sangre para rescate del mundo. Sólo El hubiera sido
capaz, a quererlo, de aplicar su virtud, obrando directamente en las almas,
como lo realiza en la Eucaristía. Plúgole, sin embargo, servirse de
cooperadores en el reparto de sus beneficios.